Villa y Puerto de Tazacorte
(La Palma)
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Foto: O.Pedrianez |
Es
el más reciente y pequeño de los municipios de La Palma.
Ocupa una superficie de 11,7 km cuadrados en el tramo costero, desde
la desembocadura del Barranco de Las Angustias hasta Las Hoyas, lugar
por donde el volcán de San Juan, en 1949, amplió su territorio
ganado al mar. Limita al Norte con Tijarafe, por la ladera de El Time,
y por el Este con Los Llanos, mediante una línea arbitraria
en base al poblamiento.
La amplia playa del puerto de Tazacorte fue el lugar escogido por
los conquistadores para desembarcar e iniciar la ocupación castellana
de La Palma, allá por el año de 1492.
Pronto se reparten las mejores tierras y se adquieren los derechos
sobre las aguas de La Caldera. Importantes haciendas fueron compradas
por las familias nobles de la capital y comerciantes flamencos que
vieron en el negocio del azúcar un marco generoso de prosperidad económica.
Tanto las haciendas como los señoríos de Argual y Tazacorte
con los ingenios de azúcar de las casas de Monteverde, Vandale
y Sotomayor, a quienes pertenece todo el territorio y sus aguas, se convirtieron
en el motor de la economía insular.
El puerto era el segundo en importancia de la Isla después del
capitalino. Durante el siglo XVI recalaban en su rada embarcaciones nacionales
y extranjeras que exportaban azúcar, vino y otras producciones
del país. Las frecuentes visitas de corsarios y piratas obligaron
a los dueños de las haciendas a construir dos fortines (en
la actualidad desaparecidos) para la defensa de sus intereses.
A pesar de este empuje económico, la mayor parte de la población
de Tazacorte vivía en unas condiciones de bastante pobreza. Era
un barrio de Los Llanos habitado por agricultores y pescadores. Excepcionalmente,
la cochinilla y el azúcar, en la segunda mitad del siglo XIX,
vuelven a revitalizar su economía, pero las continuas crisis aceleraron
la emigración a América.
El cultivo del plátano no prosperó hasta la finalización
de la I Guerra Mundial, con la llegada de la empresa inglesa Fyffes Limited,
así como otras firmas. Tazacorte poseía la mayor población
asalariada frente a una exigua minoría de propietarios.
La lucha por la segregación o independencia de Los Llanos late
profundamente con la llegada del siglo XX. En 1923, el Pago era el núcleo
de mayor población del municipio de Los Llanos, con 2.316 habitantes
y la localidad de mayor desarrollo económico del Valle de
Aridane.
La batalla definitiva para la emancipación tiene lugar durante
la dictadura de Primo de Rivera, tanto en Madrid como en la misma Isla.
El 16 de septiembre de 1925 se concedía por decreto la independencia
de Tazacorte.
Tres años más tarde se declara una epidemia - la Peste
de 1928 - de tristes recuerdos para sus moradores.
Hoy Tazacorte se afana por desarrollar y mantener el puerto pesquero
y comercial, la agricultura del plátano y el turismo.
El oficio de la pesca.
Tazacorte, por cercanía y tradición, está ligado
al oficio de la pesca; desde su puerto los barcos trasponen, bordeando
los acantilados en dirección hacia Fuencaliente o rumbo
hacia el horizonte lejano.
El pescador, sabio de sus labores, faena cuando todos duermen,
huye de las marejadas y de los rompientes bravos. Sus rostros morenos
y salados miran pacientes si la brisa se levanta o si los cardúmenes, adivinados
por las gaviotas, están cercanos. Sus manos envejecen con el transcurrir
de los años, halando redes y paños, pescando a fondo con
trasmallos, guelderas, tambores o a nado. Con artes nobles y de engaño,
de persuasión y reclamo se valen para hacerse con las presas
que abastecen al mercado.
En
la orilla se aguarda la llegada de las embarcaciones
y los marineros, orgullosos, exhiben lo que el
mar les ha brindado: samas, congrios, viejas
y pejes gallos, alfonsiños, cazones,
morenas, jureles, petos y sargos se contonean aún
antes de bajar del barco.
En tierra, mujeres, chiquillos y ancianos marisquean
lapas y burgados; con trapos blancos y una fija
(pincho) capturan al pulpo camuflado y con luces
encandilan, durante la noche, a los cangrejos despistados.
Con encantamientos y reclamos se llaman a las morenas y muriones, las
ingenuas serpientes marinas mueren atraídas por la voz de los
humanos.
Y así transcurren los días y la dura vida vinculada al
medio marino, de futuro incierto y esperanzas afortunadas.
Episodio
mítico de los MÁRTIRES
DE TAZACORTE.
Allá por el año de 1570 un grupo de jesuitas misioneros
marchaban al Brasil para emprender labores evangélicas. Siete
naves salieron de Lisboa con el mismo destino; el barco "Santiago" llevaba
mercancías para la isla de Madeira, La Palma y Brasil, recalando
en el puerto de Tazacorte, quizá para recoger algún cargamento
de azúcar. El P. Acevedo encontró aquí un antiguo
amigo de estudios, descendiente de la acaudalada familia de los Monteverde.
Este les brindó generoso su casa y se alojaron allí varios
días.
El mencionado religioso celebró misa en la ermita de San Miguel
y según cuenta la leyenda fue en ese momento el instante en el
que el beato tuvo la revelación del martirio que habrían
de sufrir; en el cáliz de plata quedaron las huellas de sus dientes
conmocionado por tal vivencia. En la parroquia aún se conserva
la casulla que vestía aquel día.
El 13 de julio partió la nave con dirección a Santa Cruz
de La Palma, pero la falta de vientos los retuvo en las costas de Fuencaliente
hasta la jornada del 15. Cinco embarcaciones francesas hugonotes les
atacaron, tras una dura batalla redujeron a la tripulación del "Santiago".
Los misioneros fueron torturados, mutilados y asesinados cruelmente.
El P. Acevedo animó a sus compañeros a morir con la firmeza
de la fe por defender a la Santa Iglesia. Los cadáveres fueron
arrojados al mar y hoy allí, en las profundidades, reposan 40
cruces que recuerdan el triste episodio de los Mártires de Tazacorte.
FESTEJOS
En el "París chiquito" como se le conoce cariñosamente
a esta localidad, sus gentes viven con alegría los acontecimientos
festivos, pueblo de carácter liberal y progresista, tolerante,
amante de la música y de espíritu creativo.
Entre las celebraciones más relevantes destacamos la del 16 de
julio, día en el que los marineros sacan en procesión a
la Virgen del Carmen y el 29 de septiembre se organizan los festejos
mayores en honor de San Miguel Arcángel, patrón de la Villa
y Puerto de Tazacorte y de todos los palmeros.
Con verdadera expectación se espera la singular danza de los Caballos
Fufos, sus cuerpos de caña revestido de papel de seda trotan en
la calles al ritmo de la música; los jinetes dominan a la bestia
que se encabrita y relincha entre la multitud.
SUGERENCIAS.
La bondad del clima, los recursos acuíferos y el tesón
de sus habitantes han hecho de este lugar una de las zonas agrícolas
más próspera de la Isla. De forma intensiva se cultiva
el plátano, apoderándose del paisaje se extiende como una
gran alfombra vegetal que llega hasta el borde del litoral.
Tras recorrer de forma pausada el núcleo poblacional, les invitamos
a dar una vuelta por el muelle de pescadores, desde allí parten
excursiones en barco hacia la gigantesca Cueva Bonita, bajo los acantilados
de Tijarafe, o podrá adquirir el pescado fresco recién
capturado.
En los restaurantes y bares de la zona podremos saborear variados platos
con productos del mar, cocinados, en parrilladas, caldos o fritos.
Entre las sugerencias de ocio destacamos la práctica de deportes
acuáticos durante todo el año, el ciclismo, la espeleología
volcánica y el senderismo por los caminos reales de la costa (subida
del Time).
PUNTOS
DE INTERÉS.
Iglesia de San Miguel.
Del pueblo destacamos el rincón que ocupa la iglesia de San Miguel, asentada sobre la que fue la primera ermita de la Isla. Alonso Fernández de Lugo inició precisamente por Tazacorte la conquista del pueblo palmero, en 1492 y su advocación por el Arcángel San Miguel lo convirtió en el Patrón insular. Lo encontramos representado en el escudo de La Palma, con indumentaria militar, portando la espada como defensor de la Iglesia.
La atmósfera de paz y silencio impregna a este templo pionero que fue parroquia a partir de 1922. Aquí se custodian las reliquias del martirio de los jesuitas junto a un conjunto de interesantes objetos de arte.
La plaza envuelve al edificio y una pérgola con aires andaluces, revestida de azulejos sevillanos, sostiene las enmarañadas buganvillas que dan sombra al camino.
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Foto: O. Pedrianez |
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Museo del Plátano
La Palma exporta anualmente unos 60.000.000 de kilos de plátano. Una buena parte de los mismos crecen amparados por el extraordinario clima de Tazacorte, que pasa por ser uno de los municipios españoles con más horas de sol anuales. Desde el barrio de El Charco, sede del Museo del Plátano, puede comprobarse a simple vista la relevancia que el cultivo sigue teniendo en la zona, con plantaciones hasta donde alcanza la vista y en los cuatro puntos cardinales. En sus 39 paneles explicativos se realiza un recorrido por la historia de este importante cultivo, tanto desde el punto de vista económico como etnográfico. La sede sirve también como punto de información turística municipal.
Rincones entrañables.
Dentro del casco urbano, atrapadas entre plataneras, se entremezclan
las construcciones tradicionales con las modernas arquitecturas; viejos
caseríos, callejones estrechos y árboles que engañados
por la eterna primavera, florecen todo el año, perfilan a grandes
rasgos al pueblo de Tazacorte.
El Barrio de El Charco fue el núcleo originario, allí la
familia Monteverde ubicó el próspero ingenio azucarero.
Los alrededores fueron creciendo con las viviendas de los empleados cualificados,
molinos, talleres y demás dependencias.
Los apellidos renombrados de Monteverde, Vandale, Sotomayor, Massieu,
se emparentaron afianzado sus patrimonios a lo largo de los siglos;
habitaron en las mansiones solariegas que ardan celosamente el pasado
común
con los Países Bajos. Destacamos el Palacete del Vizconde del
Buen Paso, el caserón del Almirante Díaz Pimienta, la casa
Massieu o la de Los Mártires, todas ellas del siglo XVI.
El continente de poblamiento
obrero dedicado a la agricultura siempre fue elevado
en estos lares; de ahí, el reconocimiento público
a este sector reflejado en la escultura del campesino
esforzado que está frente al Ayuntamiento.
Tazacorte es pueblo de condición atlántica que mira hacia
el horizonte marino; a los pies de El Time, numerosos bares y restaurantes
ocupan las zonas cercanas al rompiente donde se mezcla la maresía
con el olor a pescadito frito, constituyendo un enclave turístico
de apacible belleza.
El litoral.
En este pueblo de pescadores el puerto siempre fue un referente para la historia de la Isla, éste jugó un papel relevante en la economía y el desarrollo de la zona. Actualmente es un pintoresco y polivalente refugio pesquero donde recalan multicolores embarcaciones, muchas de ellas de recreo.
La Playa del Roque es una de las más populares, con la punta de El Time al fondo; al Norte la desembocadura del Barranco de Las Angustias, desagüe de la Caldera de Taburiente, y como viejas cicatrices marcan el territorio bagañete los barrancos de Tenisca y Hondo.
Descubriremos suaves relieves que se alzan en los acantilados a orillas del Atlántico, escondiendo preciosas playas de arena negra como la de Los Guirres o Playa Nueva, resguardadas de los vientos alisios. El faro de La Punta de Las Hoyas sitúa el límite costero con Los Llanos y alerta al navegante con sus destellos.
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Foto: O. Pedrianez |
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Paisajes geológicos.
La meseta
a los pies del valle de Aridane
se halla quebrada por el
Barranco de Las Angustias,
declarado Paisaje Protegido.
El torrente de aluviones
es arrastrado, año tras año, por la fuerza de las aguas
pasando a engrosar los márgenes del cauce o formando parte de
los materiales costeros.
Las lavas del Volcán de Tacande (Montaña Quemada) y las
del San Juan han modelado el paisaje de Tazacorte; como engullidos por
los platanares resaltan las montañas de Todoque y La Laguna, dos
de los cuatro conos volcánicos alineados, protegidos por la Ley
de Espacios Naturales.
Agazapadas bajo este manto pétreo se descubren varias cavidades,
singulares tubos volcánicos como Los Caracoles, en La Laguna,
La Cueva de Hércules o la más conocida La Cueva del Perdido,
de 1.288 m de longitud, cuenta con cuatro bocas que se abren al acantilado
de la costa del Municipio y un complejo trazado laberíntico.
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